El calendario marca el día de hoy como el Día de la Madre. Un día importante para muchas personas, aunque también para mí lo es y lo ha sido incluso en el extenuante y aterrador pasado que no deja de convivir con mi presente.  

Parece ya muy lejano aquel tiempo en el que no prestaba la más mínima atención a éste maldito día, por lo poco que significaba para mí en aquel momento, que entonces no podía ser más que mi presente, la vida actual de la que no podía huir de ningún modo posible, ni siquiera en los sueños a los que tampoco se me permitía el acceso.

Después, con el transcurso del tiempo, a este día lo fui borrando como pude de mi cotidianidad. –Porque hay que decir que siempre existía a mi alrededor alguien que sin personalidad propia, optaba por hacer  de memoria mía, y te lo recordaba con la misma intensidad que produce la visión de un hierro candente, acercándose a tu piel. -Una tortura constante y permanente, en eso se convertían los días previos a éste señalado día, en el que ya sabías que no podrías arrancarme tu repugnante persona de mi pensamiento, pues era obligación de una hija felicitar a su madre en el día de las madres, además había que realizar ese acto de paripé con total naturalidad y verdaderos sentimientos. –Eso era extremadamente difícil, por no decir imposible. Lo peor era ver la expresión de tú cara que denotaba con total claridad que eras consciente;  no de la falta de sentimientos y la incapacidad de fingir  verdaderas emociones, porque amor o cariño era imposible sentir hacia ti ya en aquella época. Sino de mi reacción física, de cómo se transfiguraba mi rostro adquiriendo una expresión de asco y repugnancia, que era lo que verdaderamente te preocupaba e indignaba tanto.

Hoy sé que lo que tú esperabas por aquel entonces, era una reacción natural de una hija hacia una madre. Eso era un buen indicador para ti, pues solo podía significar que yo no recordaba nada de todo lo que tú habías hecho con mi cuerpo.  Por eso te enfurecías, porque eras incapaz de alcanzar a ver o saber, cuanto podía intuir, sentir o saber yo, de todo lo que habías sido capaz de hacer conmigo. -Siempre midiendo mi nivel de locura. Lamentablemente a este tipo de locos, no se los pude medir ni tampoco predecir…como tú pretendías hacer.

Es paradójico que ahora que no necesito saber qué día es hoy, ni tengo cerca ningún tostón que me lo recuerde permanentemente, sea yo misma la que lo mantenga presente en mi vida. 

Es por ello, que si hoy te tuviera frente a mí, te regalaría un ramo de ortigas recogidas por mi misma en compañía del rocío la mañana, y te invitaría a que aspiraras lentamente su fragancia.- ¡Que menos! con todo lo que tú has hecho por mí.

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