¡Qué recuerdos más entrañables traen a mi memoria éstas fechas navideñas! Ya termina el año y las malditas uvas son el símbolo de su inminente clausura.

En una familia “normalizada” que lleva impresa en el interior de todos sus miembros la odiosa frase: AQUÍ NO PASA NADA. Como si pretendiera ser una bandera que ondea al viento, con una libertad que solo posee aquella que es Dueña y señora, del poder que encierran esas cuatro palabras. Esa misma libertad pesa tanto para otros que solo pueden sentir el constante martilleo que producen esas terroríficas palabras en su interior.

Toda cena familiar de fin de año que se precie cuenta con las tradicionales uvas: doce terroríficas y espeluznantes uvas.

Lo de terroríficas debe ser porque al retroceder mi memoria unas décadas atrás sólo puedo ver la cara de cuatro niños con la frase grabada en su interior de: AQUÍ NO PASA NADA.Cada uno de ellos manifiesta  como le es posible, el hecho de no querer comerse esas dichosas uvas.

En toda la filosofía de vida que juntos pudieran sumar esas criaturas, no entraba el planteamiento de que ese pequeño fruto pudiera traerte suerte. Nuestro destino ya lo habían decidido dos salvajes pedófilos por nosotros. En los cuatro subconscientes flotaba la misma idea, aunque a niveles diferentes: si me como eso que tanto empeño tiene ELLa en que haga ¿Para qué será? ¿Qué pasará?. Porque todos saben que ningún acto que ELLa realice o pretenda que hagas tú mismo, se queda libre de consecuencias.

Por tanto, lo que sí estaba claro para todos era que nuestra suerte no iba a cambiar. Al tragarte las uvas,  si tenías algún sueño o deseo, mejor era que lo vivieras con los ojos abierto ya que podrías elegir su contenido. Una vez que penetres en las profundidades del sueño, los deseos pasarán a convertirse en pesadillas reales.

Mi particular deseo para este nuevo año que comienza es ofrecerles esta publicación a todos mis lectores. Entre ellos a los que me desprecian, ignoran mis palabras, o simplemente no las creen y sobre todo para aquellos que llenan sus vidas con el aliento del morbo que les ofrecen los demás.

Y es que lo más valioso del hombre es la libertad de pensamiento,  el derecho natural y supremo de no creer en lo que no ves. Yo misma comulgo con esa filosofía de la que soy fiel practicante.

En principio, toda historia que provenga de los sueños podría estar falta de cierto valor, de lógica o de coherencia. Una ausencia de valor tal, que si no conoces bien al ensoñador, poco podrías llegar a entender.  ¡Qué se lo digan a Freud! qué pasó toda una vida interpretando el significado de muchos de ellos, usando la razón en cada uno de sus meticulosos análisis.

Lamentablemente éste no es el caso. Aquí sí se conoce bien al durmiente y existe capacidad más que suficiente de análisis e interpretación. No solo en un plano científico sino a un nivel superior de profundidad, el espiritual. Algo que no se puede explicar pero tampoco rechazar.

Porque quién no se ha planteado alguna vez que la geometría tiene alma propia.

Cuando los Catetos puede vivir su propia existencia, dentro de una mentalidad acotada por un principio y un final, o sea: una línea recta que sí con algo de suerte encuentra otra misma línea, lo único que pueden formar Catetos de éste tipo, son estrechos ángulos de miras.

 

“Sólo mentes constantes en el tiempo verán la luz a través del conocimiento”

Este blog cierra el año con 48.002 visitas. Gracias a los que sí creen sin ver.

Feliz Año Nuevo a todos ellos.

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