Cuando los únicos recuerdos que un adulto puede rescatar con facilidad, de su más tierna infancia, son los constantes intentos fallidos de suicidio, éstos forman parte de su experiencia vital. Con tanta naturalidad que el deseo de muerte es lo que realmente construye su vida.

Podríamos plantearnos que una parte de la sociedad, concretamente aquella sociedad que conoció a ésa niña, se planteó alguna vez : ¿qué hicieron sus padres al respecto?…en aquel momento ésa niña tenía “padres” a ojos de la sociedad.

¿Qué le hace a una niña de seis años tomar la firme decisión de acabar con su vida?, ¿por qué esos intentos continúan hasta los 22 años? Los registros hospitalarios revelan este tedioso proceso de agonía, el cual nadie vió ni interpretó como el mayor acto de confesión.

Ésta historia viva grita lo que nadie escuchó en esos pequeños detalles infantiles. Quizás todo estaba tan bien preparado y orquestado, que nadie externo al grupo familiar, podría  haber fragmentado sus fuertes lazos de cohesión y manipulación.

El adiestramiento durante la infancia fue muy eficaz… y si algo te va bien, ¿para qué cambiar?, mejor seguir aplicándolo…

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