Aquella frase que actuó como detonante, quedó estacionada igual que un viejo vagón de tren, abandonado por falta de compatibilidad con las nuevas tecnologías, arrumbado sobre unas vías en desuso. Arropado tan solo, por los hierbajos que bajo el iban creciendo poco a poco, apoderándose de su carcasa con ayuda del polvo, que sólo el viento se atrevía a mover e introducir en su interior. Fue la lluvia y la intemperie quién fue desfigurándolo y ocultándolo hasta convertirlo en un simple montículo, ya más robusto y fuerte, pues entre sus ramajes habían crecido otros tallos diferentes, con espinas puntiagudas  adheridas a toda su extensión, trepando entre las primeras ramillas al compás de un tiempo ya olvidado.

Esa frase: “yo pensaba que eso te había pasado a ti” volvió a la caverna del subconsciente más profundo. Existía en ese momento otra prioridad, algo más importante que deducir, qué había querido decir Ella con esa frasecita, que expresó como un acto reflejo, sin ni siquiera ser consciente de lo que dijo.

La prioridad era: su hija menor, aquella hija que simplemente le dijo, que su marido había abusado de ella durante sus primeros 8 años de vida. Como mínimo eso fue lo que rescato de sus recuerdos más ocultos, en aquel momento sólo se pudo llegar hasta ahí.

Ante una confesión de ésa índole. ELLA, una madre ejemplar que siempre ha afirmado querer a sus hijos, ni siquiera se inmuto, ni siquiera se preocupo en las semanas, meses y años venideros, de la situación emocional de su hija menor, del estado de salud de su hija. ELLA tan buena madre, nunca jamás, fue a visitar a su hija, ELLA una madre que tanto había luchado por sus hijos, nunca jamás se interesó por la situación que vivía su hija menor, una vez que ésta confesó los actos que su marido había llevado a cabo con ella, siendo menor de edad.  ELLA , mi madre, simplemente esperó a que todo pasara, a que todo se calmará, a que todos de nuevo olvidaran. Eso fue lo único que hizo ELLA.

ELLA por aquel entonces, ante las palabras de su hija menor, ni siquiera las negó, pero tampoco las admitió, todo se quedó en NADA, en una especie de limbo que existe en ese tipo de familias que tapan y esconden, todo lo que ellas consideran y estiman oportuno.

Sus otros hijos, los dos anteriores a su hija menor, algo se preocuparon. De vez en cuando escuchaban el silencio de su hermana menor, el sufrimiento que sabían estaba soportando y del que nadie se atrevía a hablar. Intentaron ayudar en la medida de sus posibilidades, con consejos fútiles y endebles.  Ambos hermanos llegaron a la misma conclusión: el pasado es mejor dejarlo en su lugar, cuanto más lo remueves peor huele, es mejor dejar las cosas como están.  Ambos hermanos emitieron después de varios años el mismo veredicto, como consejo a su hermana menor. -Lo ideal sería que te casaras y tuvieses hijos, un hijo será lo que te ayude a superar todo esto.

Durante esos años en que ellos, mis hermanos tuvieron tantos días para “pensar” si es que saben lo que significa esa palabra. –No se plantearon en ningún momento de su existencia, la siguiente reflexión:

Si lo que decía su hermana menor, era cierto, y todo indicaba que lo era. ¿Cómo su querida y adorable madre, no se dio cuenta durante 8 años, que su amado marido abusaba sexualmente de su hija? -Esa pregunta nunca se la hicieron ellos, quizás por miedo, quizás porque su mente no podía calibrar dicho planteamiento y obtener un resultado positivo, quizás porque preferían una vida cómoda, a tener que embarcarse en un navío sin rumbo fijo.

Y yo me sigo preguntando ¿Cómo ellos que  hoy son padres, siguen no solo, no planteándose dicho interrogante, sino que lo niegan absoluta y rotundamente? Según ellos, si abusan de un niño, desde los cero años hasta los ocho, no queda ningún tipo de marca ni señal en el cuerpo, que una madre como la de ellos hubiera podido detectar. -Quizás otra madre si se hubiera dado cuenta.

Pues bien señores, la hermana mayor, que sí que hizo esa pregunta a todos y cada uno de los miembros de esa unidad familiar, obtuvo como respuesta una rotunda y absoluta negación. A la cual se le fue uniendo poco a poco cierto desprecio hacia su persona, por plantear esas cuestiones sobre su madre. La estructura familiar fijada entre esos cuatro hermanos, comenzó a tambalearse. La hermana mayor ya no era bienvenida a las reuniones familiares, por ínfimas que fuesen, porque siempre iba con esa pregunta escrita en su mirada y en sus actos. Por ese motivo comenzó a fragmentarse el vínculo entre cuatro hermanos, el vínculo que les había permitido sobrevivir a su infancia.

Así funciona el blindaje de una familia incestuosa por naturaleza. Unos tapan los actos de otros, y entre todos lo tapan todo, y nada nunca jamás ocurrió.

Y aquél que se atreva a hablar del tema, no lo queremos cerca de nosotros. Así se estructuran estas familias, así consiguen que perduren en el tiempo, negligencias brutales por parte de sus progenitores, que alcanzan niveles de delito sólo para algunos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *