Qué ocurriría, si los pensamientos que tienes en un determinado momento de la vida, los transformas en cenizas, los reduces, los encierras, en un minúsculo bote de cristal, ni siquiera adquirido para ellos mismos, sino reutilizado; en el que existió alguna vez, posiblemente algo para comer.

Sería posiblemente un indicio, de lo insignificantes que podrían llegar a ser esos pensamientos, o quizás, podría ser totalmente lo contrario; que eran tan intensos y tenían tanta fuerza, que debían ser escondidos en algún sitio, incluso desconocido para ellos mismos, con un aroma ya propio de su lugar de encierro, del que no pueden deshacerse, ni siquiera las paredes de cristal que los mantienen atrapados, impregnados, de una esencia más fuerte que las propias cenizas, de la muerte misma de esos pensamientos.

Mientras los pensamientos vivan en tú memoria, existirán las cenizas en tú vida, tú propia muerte es posible ser contemplada desde la distancia, incluso puedes tocarlos y sujetarlos entre tus manos.  Los pensamientos que se manuscriben, se vuelven tangibles, y por tanto susceptibles de ser manipulados, por Ella que no necesita ya, interpretar una mirada ausente, pues su propia mirada puede leer tus palabras, su propia historia manchando la pulcritud de una blanca hoja. Letras unidas unas a otras, formando frases, que dan sentido pleno a su contenido real, tan real que la única luz que pueden ver esos manuscritos, es el fuego que los consumirá y transformará en pequeñas virutas, capaces de continuar en su mutismo de agonía, atrapadas de ésta forma, en una pequeña urna de cristal.

Cuando decidas abrir el exiguo bote de cristal, en el que reposan las fúnebres cenizas, será para mantenerlas alejadas de ti, para esparcirlas, en algún lugar alejado de miradas intrusas, será el momento en que hayan desaparecido de tú existencia, habrán muerto verdaderamente en ese instante…esos pensamientos jamás llegarán a tener forma, nunca se transformarán en emociones, carecerán de sentimientos propios. Pues, lo que nunca llegó a ser sentimiento, pertenecerá siempre a una tierra yerma.

La muerte es olvido para unos, y recuerdo eterno para otros…

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