Existió una vez una familia de seis miembros, donde el amor entre ellos fue rebautizado y le pusieron de nombre INCESTO. Después de que el tiempo hiciera su trabajo en la noche del 24 de diciembre de 2016, concretamente. Esta familia, que ahora contaba con algunos pequeños reajustes entre sus miembros, se disponían a celebrar la Noche Buena. Cuando estaban todos sentados a la mesa y dispuestos a degustar el tradicional menú navideño, se cernió sobre la anfitriona un repentino espasmo. Primero se llevó una mano y rápidamente la otra a su garganta sin saber nadie en esos momentos que ocurría. Su amado que siempre se sentaba a su lado, atento a cualquier necesidad que el amor de su vida pudiera tener. Se levantó tan rápido como la incertidumbre del momento le permitió. Intento comunicarse con el amor de su vida, que le hablase, pero ELLA no podía decir nada, sólo podía sujetar con fuerza su cuello como si algo quisiera salir de EL. A todos les fue inundando un cierto pánico por no saber qué ocurría, ninguna sabía qué hacer. Y fue su novio, el otro gran amor de su vida, quien dio la voz de alerta. Había que trasladarla a un centro hospitalario donde podrían hacer algo por ELLA. La amaba tanto que las lágrimas asomaron inmediatamente a sus ojos y fue, él mismo en persona quien condujo el vehículo con el amor de su vida en el.

Un doctor esperaba en la entrada de urgencias, preparado para salvar la vida de cualquier persona que llegara atormentada esa noche a él. Era su misión.

Mientras ELLA era atendida por el servicio de urgencia, su enamorado se cambiaba constantemente de asiento; salía a la calle; y volvía a entrar; miraba el reloj de la inmensa sala, bañada por una luz tan brillante que lo cegaba; luego miraba su reloj; después ojeaba todo su alrededor. De repente se dio cuenta de que él estaba allí solo, no había nadie más esa noche en ésa sala de espera. Sintió un frío espeluznante y comenzó a sentir que se le entumecían algunas partes de su cuerpo. Intento caminar pero sólo podía hacerlo en el interior de su mente, y al mirar de nuevo a su alrededor, se vio as sí mismo sentado en una silla blanca, tan brillante como la misma luz que iluminaba todo a su alrededor. Se reveló contra sí mismo y se levantó, ésta vez con éxito. Ahora si podía caminar y sentía como sus rodillas y tobillos se flexionaban. Sintió el juego de sus caderas moverse y un extraño alivio le inundó. Por unos segundos pensó que era el cansancio lo que provocaba esas sensaciones y decidió tomar un café, pero sus manos no llegaban a introducir la moneda en la ranura. Se giró levemente sobre sí mismo, y buscó entre sus bolsillos  otra moneda para cambiarla, en ese instante volvió a verse a si mismo sentado en la silla. Su cara reflejaba miedo… él estaba intentando sacar un café de una máquina expendedora.

El doctor apareció entre brumas. Unas brumas de las que sólo el amado se percataba. El médico le explicaba con calma y tranquilidad lo que le había ocurrido a su amada.

-Le traslado el diagnóstico porque así estoy obligado a hacerlo. Cuando su señora ha intentado comerse ésta gamba –el médico había colocado  la gamba en un pequeño recipiente con agua marina porque se veía perfectamente que la gamba estaba viva-  ella se ha negado a pasar por su tráquea, así de sencillo, y la pobre gamba ha hecho todo lo que le ha sido posible por no llegar a sus intestinos. La propia gamba así me lo ha relatado en todo el proceso. Ha sido ella misma, la gamba, quien me ha contado lo que yo ahora le voy a trasladar. Ésta indefensa gamba, -el médico le mostró al enamorado el recipiente donde ahora flotaba alegremente la gamba -me ha narrado unos hechos. Hechos de los que yo para nada dudo, porque la palabra del mundo animal es sagrada, como usted bien sabrá, y si no lo sabe ya se lo digo yo. Pues bien éste ser me ha confiado su vida, y como tal yo le debo ante todo respeto. Debe usted escuchar atentamente: la gamba me ha contado que ELLa, su amada, dio a luz a cuatro hijos pero que de todos ellos, su preferida era su primogénita. Preferida porque la deseó sexualmente desde el primer momento que la vio. Tanto así fue que siguió sus instintos y entre ella y su marido disfrutaban de todo tipo de actos sexuales con su hija. Los dos. ELLA disfrutaba más que ninguno. Y verá usted la gamba que yo acabo de extraer de su garganta, simplemente no quería ser comida por un ser tan nauseabundo como su señora. La gamba se ha defendido y por tanto es mi deber protegerla. Mi trabajo es ayudar a los más débiles y a los más frágiles. Esta gamba me la llevo a mi casa porque sólo allí podrá estar a salvo de depredadoras como su señora.

Justo en ese momento se abrieron las puestas y su señora apareció triunfante sentada en una silla de ruedas que empujaba un celador. Este se acercó al doctor y le susurro algo. El doctor se dirigió en esta ocasión a la señora: debe usted tener mucho cuidado, especialmente con las cenas navideñas, pues yo sólo he trabajado hoy aquí. Debía salvar a éste pequeño ser indefenso, a ésta gamba, que como le he comunicado a su novio me la llevo a mi casa. No lo creerá usted pero tengo un gran acuario donde vive todo lo que no quiere estar con usted. Incluso tengo un cuervo, que escapó hace muchos años de su madre…

Le doy por escrito el diagnóstico para que tomen las medidas pertinentes. Si me lo permiten debo retirarme, ya que la gamba necesita descansar. Si hubieran tardado unos minutos más en llegar quizás hubiera fallecido.

Dicho esto, el médico traspasó las puertas y el enamorado dirigió con ternura su mirada hacia su amada, mientras tanto, ELLA pronunciaba sus primeras palabras tras el incidente: ¡tira ese papel que te ha dado el médico!, ¡quién se va a creer toda esa historia de la gamba!

Moraleja: a la madre del cuervo también le dieron un informe médico en urgencias con el que posiblemente se limpio el culo, pero del cual existe una copia.

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