A veces el deseo de muerte es tan intenso, que invade sin pedir permiso todo lo que considera que le pertenece. Se instala dentro de ti y va avanzando sin descanso, hasta que consigue aniquilar la enclenque realidad, de la que formabas parte hasta ese momento. 

Como un déjà vu que no para de repetirse. Una constante que se perpetúa en el tiempo. Siempre es un recuerdo intruso e irreconocible, que emerge de las profundidades más abismales y recónditas, en la que descansa la parte más arcaica de tu propia existencia.

Así te asalta un estridente silbido en el interior de tu propia mente. Uno sonido que te permite visualizar con total claridad y coherencia el detonante que tienes ante ti. Una maquinaria perfecta se acaba de emplazar en tu interior, y únicamente  tú tienes el poder absoluto de decidir a través de la razón, qué hacer con ella. Puedes ponerla en marcha, o puedes simplemente observarla.

Matar. -Necesitas matar a alguien. Una voz que no cesa de reclamarte justicia, una voz femenina que te habla directamente. Esa misma voz se proyecta y se representa a si misma,  a través de emociones, percepciones, intuiciones. Solo son tus propias necesidades. Ella simplemente te lo está mostrando.

Necesitas matar.  –Pero no dice a quién, aunque ella sabe muy bien lo que verdaderamente sientes. Efectivamente esa necesidad vive en ti, esa necesidad de sentir como se extingue la vida de otro. Sentir a través de tus propios ojos el último aliento de vida, sujetar con tus propias manos el cuerpo que se va enfriando poco a poco.  Poder ser tú misma quien masacre y le arranque de un solo tirón, toda la dignidad humana que pudiera quedarle aún a esa persona.

Saber con antelación como le darías muerte. Pues sientes, que merece que por el interior de su cuerpo deje de fluir la sangre, merece que la sangre fluya fuera del cuerpo, merece que su cuerpo sea cortado en pequeñas láminas horizontales. Desde el cuello hasta los dedos de los pies. Tan cercanas unas de otras que finalmente su cuerpo se transforme en un manantial vivo de sangre roja…

Solo existe esa imagen sobre unos hechos que no paran de repetirse. Un cuerpo ensangrentado y moribundo que obtiene el castigo que se merece.

-Pero no sabes quién es esa persona que merece tal nivel de castigo, solo sabes que dentro de ti y a lo largo de toda tu existencia ha existido esa necesidad  en lo más profundo de tu ser. Una necesidad que se intensifica y se hace más fuerte, a medida que pasa el tiempo y sigues sin saber quién es a quién necesitas matar.

La razón te obliga a buscar a esa persona, y cuando crees que la has encontrado es cuando únicamente puedes ver el rostro de ese cuerpo…  

Eres tú.

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