Un intenso calor recorre todo tú cuerpo, el cuello no puede soportar tanto peso y la cabeza cae, da igual hacia donde se desplace, no importa con tal de no aguantar esa gran carga, un intenso silbido te ensordece, enturbiando con su aturdimiento todo lo que hasta hace unos segundos reconocías,  los ojos pesan tanto como la cabeza, que ahora cuelga sin ningún punto de apoyo a su alcance, el calor va dando paso al frío, un frío helado que va saliendo del interior del cuerpo, hacia la superficie de la piel que se revela y se torna cada vez más ardiente, en un intento desesperado de no dejar escapar lo que cree que es su último aliento,  el corazón bombea cada vez más rápido, el oxigeno se extingue, se agota, cada órgano del cuerpo se agita por su ausencia, todo movimiento queda paralizado por la asfixia, los músculos se contraen bajo  ritmos espasmódicos, como sí pretendieran exprimir hasta la última gota de sangre, el sistema nervioso central se resquebraja en la frontera de sus propios límites, para recomponerse a sí mismo, ante nuevas órdenes sin origen de procedencia…

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