El miedo puede velar cualquier mirada, manteniéndola con una ausencia total de significado, para el resto de la humanidad; también puede concederle al resto del cuerpo, la posibilidad de vagar entre vivos y muertos. Pues el aspecto vidrioso, confiere, a la muerta mirada un resquicio de vida.

El miedo más atroz, lo conforma un cúmulo de sensaciones, instaladas como un certero mazazo por todo tu interior, repartiendo toda su energía en forma de impulsos eléctricos. Una fuerza brutal transformada en golpes secos, profundos y constantes, que al no encontrar salida; sólo podrá rebotar y chocar contra sí misma.

Mientras se desarrolla esta secuencia,  el corazón acatará órdenes y procederá a bombear  tan rápido como le permita la situación; es consciente de su posible incapacidad para desalojar la descomunal fuerza, atrapada en su propio interior. Puede escuchar los gritos de pavor que provienen de cada impulso nervioso.

Por su ineptitud será relegado, en su lugar, se alzará la propia Energía Vital, quien procederá a paralizar, uno por uno, todos los miembros del cuerpo, hasta llegar a la materia gris. La oscuridad será ensordecedora, en el mismo instante en que la energía se autodestruya. Apareciendo en última escena, un frío tan gélido como la muerte cerebral.

Eso lo saben muy bien Ellos cuando inician la persecución,  la sensación de poder escapar, tan solo es una ilusión recreada en tu mente, para hacer más soportable lo que sabes que ocurrirá…

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