La piel del cuerpo puede llegar a desconectarse, en un intento desesperado por desprenderse, de todos sus receptores sensoriales. La mente puede facilitar parte de esa gran labor, llegando a ejercer la función de guía. Pues será solo ella quien marque el camino, a la migración masiva de sensaciones. Con este movimiento irá desapareciendo la barrera, que separa el mundo interior del exterior. Tanto el cuerpo como la mente, dejarán de existir el uno para el otro, se abandonaran a un estado de escisión, y metafóricamente, ambos podrán cogerse en ese momento de la mano, para caminar por oscuros senderos, sin miedo ya, al frío o al calor, e incluso sin temor alguno, a cualquier tipo de dolor subcutáneo. Sólo en ese estado podrá desarrollarse la vida, en un mundo interior ajeno por completo ya, a los ataques externos. Nadie agredirá un cuerpo incapaz de experimentar ningún tipo de sensación…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *