Una fuerte sacudida te trae de regreso hacia un lugar que desconoces, no sabes donde estas,  sabes que sigues existiendo, porque puedes sentir el dolor que provocan las articulaciones, en el interior de todo tu cuerpo, rígidas y duras, como cuerdas  tensadas por una gran fuerza externa, una dureza que va cediendo paso, a unos desconcertantes espasmos musculares. De repente todo el cuerpo se contrae y se expande al mismo tiempo,  la piel que lo envuelve se resquebraja, se fractura, la visión desaparece, ya no existe nada. Las percepciones que pertenecen al mundo exterior han desaparecido por completo, en el otro mundo interior, unos agonizantes  zumbidos son engullidos por una espesa negrura.

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