La gran ventaja de haber vivido bajo el reinado y protectorado materno, del sadismo más atroz, es que aprendes a fingir que el dolor no existe, esta insensibilidad se va adhiriendo a tu piel, a tus sentidos, a tus percepciones, al tiempo que protege otra parte de ese mismo ser, manteniéndolo puerilmente intacto, completamente sano y equilibrado.

Y lo que te da superioridad con respecto a esa maldita reina, es que hoy puedes arrancarle los ojos, sin llegar a mirarla a la cara, puedes sacárselos de un solo zarpazo, a Ella, o a otras como Ella, que dedican su  vida a masacrar a los que consideran más débiles.

Sus ojos no le pertenecen a Ella, su mirada está formada con la visión terrorífica, de lo que tanto amo en su vida; la crueldad, el odio, el rencor y el más absoluto asco, hacia la progenitora de su estirpe, sus ojos guardan recuerdos libidinosos, del placer que da ver el agónico y funesto sufrimiento, de una mirada completamente indefensa.

Lo que ha compuesto su mirada hasta ahora, ya no le pertenece, y se la quito, mi vida ya no está impresa en su retina, ya no es mi dueña y señora.

 

 

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