Mientras la razón intenta subsistir y sobrevivir, las incongruencias nacidas de la propia madre, se liberan, y se atreven a mostrarse al mundo exterior en su vertiente más excelsa, como un ser de categoría y dignidad superior. Un monstruo que pretende disimular sus instintos maternales, si es que alguna vez existieron dentro de Ella, con el único recurso que ha quedado a su alcance: Un nuevo marido insulso y sin escrúpulos, que lo más que puede aportarle es una reformada imagen para su nuevo estatus social.  Y aquellos que la rodean no son capaces de plantearse una simple pregunta. – ¿Cómo una persona que repudia a su hija, por mostrar ante todo su público sus propias mentiras? Es capaz de querer a un nuevo esposo, que aunque infecundo, suple las carencias que Ella sufre por parte de su amada y adorada hija. Su primogénita.  A la que margina, pero a la que necesita al mismo tiempo para poder vivir. Su existencia no tiene sentido sin la mía, por eso para su nueva vida, necesita reponer lo que ahora no tiene a su plena disposición.  Necesita un sustituto adecuado para una mente prostituta y corrompida como es la suya.

Nadie se ha planteado que quienes comercian con el cuerpo humano de otros, como ha hecho Ella, son incapaces de querer a nadie, que solo pueden querer su dinero, o su imagen, como punto de apoyo para poder ir de feria en feria, y además reírse de todos en su propia cara, por ser tan ingenuos y fáciles de manipular.

 

 

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