Un fuerte dolor atenaza la muñeca izquierda,  aumentando su nivel de intensidad, se va extendiendo hacia arriba, recorriendo todo el antebrazo, hasta llegar al hombro y parar repentinamente sobre la clavícula.  Como si unas fuertes garras hubieran asido y cruzado el brazo a la espalda, con violencia, para ajustarlo al propio cuerpo, como si pretendiera simular un abrazo mortífero, al mismo tiempo que se aseguran de limitar, cualquier posible movimiento.

La voz de Ella, sólo se escucha en tú oído derecho, habla bajo para no hacer ruido, es de noche, es Ella quién tiene el poder de sujetarte, simplemente con una de sus manos; quiere jugar al escondite, nosotras seremos las espectadoras. Te va a gustar –dice.

Continúa hablando. –si soportas el juego sin gritar, no le pasará nada a tú “hermanica” ¡ésa que quieres tanto!.

Y puedo ver en silencio, como mi hermana corre desesperadamente, mientras Él la busca…y la encuentra, siempre la encuentra.

 

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