Cuando sientes que la muerte se acerca, todo se hace más lento, se ralentiza, hasta tal punto que puedes llegar a ver y palpar con todos tus sentidos, la involución de tu vida hasta ese minuto exacto, en el que por fin sabes que sucederá todo lo que ya estaba previsto, confías que la existencia de algún ser divino haya sido real en algún momento de la antigüedad, y sea capaz de quererte a su lado, lo suficiente como para ayudarte a traspasar a otro nuevo mundo, el de los espectros. Claro, que eso solo sucede en el principio, porque con el paso de los años te vas percatando de que ni siquiera la oscuridad te quiere, y a la luz le resultas desagradable y espantosa; las tinieblas son las únicas que aceptan tú presencia, sólo si te diluyes entre ellas hasta el punto de ser imperceptible.

La vida te rechaza y la muerte te ignora, el tránsito entre la vida y la muerte es el único lugar en el que realmente puedes llegar a existir, entre el último aliento de vida y una inesperada inspiración, en esos segundo existes, únicamente en ese estado, puedes percibir realmente una realidad oculta para los sentidos del alma.

Tú vida vale tan poco que nadie la quiere, sólo ellos pueden darle sentido y utilidad, porque les perteneces.

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