Ese lugar tan execrable, de nauseabundos olores enraizados entre sí, donde el aire limpio y puro deja de existir en el momento, que decide fundirse entre pestilentes fragancias,  de humedades que no puedes ver como reptan hacia las paredes,  pero sí puedes sentir como arrastran consigo mismas, desechos de orines de las largas noches, endulzadas con alientos putrefactos.

Esencia mortuoria, capaz de impregnar toda la estancia…una habitación oscura tan falta de vida, como tú propia sepultura.

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