Solo un destello entre la inmensa oscuridad. Ésa es la señal inequívoca de que se acerca. A veces es de color blanco, simulando un pequeño entramado de telarañas, en otras ocasiones es tan sólo un fulgor pasajero, fugaz,  y otras, un punto de color azul de forma redondeada que se distorsiona, como si una fuerza superior quisiera absorberlo hacia arriba. En infinidad de ocasiones sólo ves el azul, pero en otras muchas, puedes percibir como se alternan, y se superponen esas formas de luz tan silenciosas.

Ante ese juego de luces, se pone en marcha un lamentable e inútil sistema de defensa. El torrente sanguíneo se va deteniendo poco a poco, el frío del terror nocturno ralentiza su marcha, los latidos del corazón se escuchan ahora, igual que los tañidos de una gran campana, que anuncian una muerte reciente, o inminente; Cesa el repiqueteo de la campana, y una sensación repentina de ausencia de oxigeno, se hace real, como si el último aliento de ese muerto quisiera llevarse con él, todo el oxigeno previsto para el uso de tu vida.

En el más absoluto de los silencios, cambian todas las percepciones de los ruidos, ahora se escucha el silencioso sonido de unos pasos, subiendo lentamente por las escaleras, pasos que preceden a otros, los de Ella, los de Ella, son casi imperceptibles al oído humano. Un grito estremecedor retumba en tus oídos, nadie lo puede escuchar porque se confunde con el chirriar de una puerta de madera que se está abriendo, y al mismo tiempo la propia estructura ósea cruje, por la presión que ejerce el miedo. Un pequeño rayo de luz se filtra por la puerta recién abierta, y la primera figura que aparece es la de un hombre, una sombra delgada y alargada se ve a contraluz, avanza cruzando entre esa poca luz que se filtra por la puerta, ahora entreabierta, desapareciendo al momento ese rayo de luz vertical como un eclipse solar.

Al otro lado de la puerta se escucha la respiración de la otra persona que siempre va con él, Ella espera pacientemente, haciendo alguna tarea del hogar, como afilar grandes cuchillos, o preparar cuerdas de esparto.

De nuevo la puerta vuelve a quejarse al abrirse silenciosamente,  ya no hay restos de luz cuando la puerta queda abierta por unos segundos, no queda ningún rastro de ella, sólo oscuridad. Ahora ésos puntos de luz sólo existen dentro de tus propios ojos, los puedes ver con claridad si cierras los ojos, pero si por el contrario los abres, encontraras que la oscuridad querrá devorarte, es mejor cerrarlos, aunque los puntos brillantes te atormenten dentro de tu propia oscuridad;  tienen muchas formas, grandes puntos que van despareciendo, como si fuesen estrellas fugaces, lineas rectangulares que aumentan en intensidad, formas curvas que ondulan y ondulan hasta que desaparecen por algún lugar, una pequeña lluvia de puntitos que caen por todas partes.

Quizás esa multitud de luz, sea la que te transporta a otro mundo, a los propios orígenes de cualquier ser vivo, el momento que aun no tiene forma humana o animal, porque es tan solo un feto.

…los dos se van juntos a su dormitorio, en la planta baja…

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