En el sueño soy una pequeña cabra montesa, de oscuro pelaje gris, que esta pastando en una pendiente rocosa, puedo sentir como mis cuatro pezuñas están perfectamente ancladas entre los riscos de la ladera, en perfecta armonía con todo mi cuerpo, incluidos mis pequeños cuernos, lo que me ofrece un gran equilibrio,  para seguir trepando por lugares imposibles para otros.

En este agradable estado, repentinamente mis patas delanteras se flexionan con ímpetu hacia el suelo, sin llegar a rozarlo, para sentir que se separan de la unión, que hasta hace unos segundos tenían con la  tierra, sobre la  que estaban posadas, para elevarse de una forma misteriosa, no paran de elevarse, no puedes mirar que ocurre, algo te sujeta, impidiendo cualquier tipo de movimiento, solo puedes contemplar desde la panorámica que te ofrece el  miedo y el terror, la gran distancia que ahora  te separa de la montaña rocosa, en la que hace tan solo unos minutos me encontraba.

El miedo cesa por un instante, para dejarte sentir por unos segundos, la sensación de que unas grandes zarpas es lo que están oprimiendo mi lomo, se aferran con fuerza para poder izarme muy alto, tan alto como le es posible a esas poderosas garras, para poder liberarme a esa gran altura, de forma misteriosa se abren en el aire, la presión del cuello cede, mientras eres consciente de que te acaban de lanzar al vacío, presa del pánico te agitas, esperando poder realizar alguna acrobacia que evite el desenlace fatal, ningún giro mortal es posible, ya solo puedes sentir como crujen  todos tus huesos, los huesos de un cuerpo inerte al estrellarse contra las piedras.

Sus manos son como unas grandes alas largas y estrechas, de una agilidad impresionante, como una verdadera quebrantahuesos, su lugar de trabajo, es una gran zona montañosa y escarpada, rodeada de barrancos, desde donde puede arrojar sus capturas para después  alimentarse de ellas.

Así me siento yo cuando traspaso la puerta de entrada de la Clínica Dental, cuando llego al gabinete, y termino sentándome en el sillón.  No puedo evitar ver a mi extraordinaria Ortodontista como una quebrantahuesos, ella se ha apoderado de este seudónimo a través de mis sueños, lo que más miedo me da en el sueño, es que pertenece al género femenino de la especie humana.

  Volveré…

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