El azar quiso, que en uno de los mínimos descuidos que Ella cometía, Él péndulo tomara fuerza, y con total premeditación y alevosía, se desviara en un fingido y agitado movimiento, inclinándose hacia una infinita probabilidad, que le facilitaría,  la elección mayoritaria de sus propios rasgos. Él deseaba también una representación, de sus propios caracteres genéticos, hasta ahora Ella tenía mayor número, Él también quería su porción, aunque no supiera qué hacer con ella, la quería.

Así fue Ella traicionada, por su omnipotente indiferencia, de la que solo hacía gala en su más absoluta y estricta intimidad, que no precisamente era su alcoba, pues su intimidad abarcaba una gran extensión, afectaba a todo su núcleo familiar, creado por, y para sí misma.

Una dominatrix de éste nivel, como es Ella, no sabe interpretar emociones, no entiende de ética ni de respeto mutuo, por tanto el dominado, no puede expresarse, ninguna palabra le será útil, y una vez cruzados los límites, solo queda la traición…

y así, Él péndulo se apoderó de esa pequeña variable, ante sus despreciables ojos.

 

 

 

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