Si yo esta noche tuviera por invitada en mi casa, sólo y exclusivamente a mi madre, después de estos tres intensos y largos años sin haber tenido ocasión de verla, no tendría preparado un menú de antemano. Para un momento tan especial como éste, preferiría elaborarla y servirlo sobre la marcha. Que eso siempre da más postín…

La invitaría a acomodarse, y mientras va transcurriendo el tiempo que dura ese extraño proceso, yo la agasajaría con un vendaval de palabrería, que incluso hasta a Ella misma en un primer momento le podría llegar a parecer absurdo e incoherente, pero a medida que mi verborrea e incontinencia verbal avanzara, se irían produciendo en Ella una serie de cambios morfológicos, en ese rostro de víbora que tiene, hasta llegar al momento en que dentro de Ella sólo pueda apreciarse un conflicto interior de tal magnitud que Ella misma se mordería la lengua, mientras tanto yo saldría corriendo, para llegar a tiempo de acercarle un pequeño cuenco. Tras unos segundos, yo procedería a retirar ese cuenco, ahora ya con los residuos que han caído de su boca. Con ellos me iría rápidamente para la cocina, y le prepararía el primer plato de la Nochebuena.

Consomé de Mala Leche.

Una vez que haya disfrutado del amargo sabor de su propia hiel. Le tendría que seguir provocando cierto malestar, hasta que llegara a vomitar las gambas que se comió hace ya unos 33 años, concretamente cuando yo tenía 10 años. Y con el regurgitado de aquel entonces, le prepararía yo el segundo plato de la noche. -Otra vez saldría pitando para la cocina, y de ella saldría con el segundo plato de la noche, bien calentito y bien presentado.

Estofado de Malas Asaduras.

Por si acaso la buena mujer sigue con hambre, porque me consta que a Ella no le quita el apetito un mal rato. Pues ya en esta ocasión, la miraría a esos ojos de víbora que lleva en la cara, y le preguntaría si aún sigue disfrutando en su fuero interior de momentos como éste, en el que estamos tan cerca la una de la otra. Le preguntaría si aún sigue sintiendo placer al sentir mi agonía, al sentir entrecortarse mi aliento…

Antes de que pudiera contestar le arrancaría la lengua, y acto seguido, otra vez saldría como alma que lleva el diablo en dirección a la cocina. Allí cocinaría esa lengua a la plancha, y se la serviría en un atractivo y hermoso plato de color blanco.

Lengua de Arpía a la Plancha.

Y de postre como ya no podría decir que quiere tomar, y la verdad sea dicha. -Yo tampoco me molestaría en preguntarle. Le serviría algo, que yo supiera con seguridad que le podría gustar. Un plato de recuerdos vivitos y coleantes, con un chupito de su propia sangre, para que la ayude a hacer la digestión.

Recuerdos de la Infancia con Mamá

A continuación, yo haría una llamada telefónica a un lugar aparentemente real, pero que en verdad lo único que le da autenticidad y realismo,  es el nivel que tienen ahí todos para fingir…su nuevo marido acaba de tocar en el timbre. -Viene a recogerla, y es que yo no la quiero más tiempo cerca de mí en una noche como ésta.

¡Feliz Navidad Familia!

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