Aún existen en mi realidad, infinidad de momentos en los que se hace presente ése desagradable y repulsivo olor tan característico; una especie de mezcolanza a la que se adhiere  en propiedad exclusiva, la imagen de la única persona que puede producirlo, pues ese mal olor se intensifica a medida que la madre, que has conocido en tú infancia y más tarde en la vida adulta, se va acercando a ti, es así como a su paso va dejando un rastro de efluvios corporales, sobre los que no se plantea ejercer ningún tipo de autoridad. Pues una persona que comete crueles actos de pedofilia, que se baña en charcas de narcicismo puro y que se pasea por la sociedad haciendo uso de los escondrijos que le facilitan el desarrollo de una psicopatía sádica, jamás se imaginó que su olor despertara más recuerdos que la imposición del silencio a través de sus propias palabras.

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