Cómo pueden existir personas capaces de instalarse a vivir dentro de tí mismo, mientras tus diferentes existencialismos van alternando en una vida totalmente normalizada, tan solo bajo tu propio concepto de normalidad, ya que otros, son incluso capaces de interpretar y considerar a esa normalidad, como un sistema de mimetización de aparatoso camuflaje social y emocional.

Quizás eso sea lo de menos, lo importante aquí, es que de repente un buen día, te das cuenta que ese personaje siempre va contigo a todas partes, evidentemente solo tú puedes verlo, incluso puedes pedirle consejo u opiniones, que no escatimara en mostrarse descaradamente contento, y por supuesto que te va a aconsejar y ofrecer su punto de vista, incluso se partirá el culo de risa, si le parece gracioso, o también, te puede soltar cualquier parrafada, que nunca sabes si ya la tenía pensada y totalmente elaborada, a la espera de que se presente el momento adecuado, para encajarla entre sus propios límites, o simplemente le viene a la cabeza en ese mismo instante; su objetivo siempre será el mismo. Distraerte de tu mundano mundo particular, mientras busca cualquier fisura para resquebrájarlo, él sabe que solo encontrando ese punto débil puede posicionarse dentro de tí, para que sus consejos con los que nunca estas de acuerdo, vayan calando como si una tormenta te atropellara repentinamente. Lo que él no sabe es que las tormentas suelen ser pasajeras, tendría que ser capaz de provocar grandes temporales, y aún no sabe hacerlo, eso les pertenece a los otros seres oscuros y malignos que también viven junto a él en mí interior más profundo. Mientras ellos se disputan los cambios atmosféricos, yo necesito controlar los estados anímicos externos, para que cualquier persona de las catalogadas como normales, que constantemente se asoman a mi mundo, puedan mantener sus costumbres, sin darse cuenta del caos interior que reina dentro de mí universo personal, se podrían asustar y entonces perdería su confianza, dejarían de contarme sus secretos, siempre tan interesantes, podrían perder la necesidad de buscar consejo dentro de ese caos que ellos desconocen, y las palabras pronunciadas, ya no surtirían su efecto… se arriesgarian a escuchar autenticos pensamientos, y no lo que ellos desean escuchar verdaderamente. El caos perdería su equilbro… y yo, ya no seria yo misma, sería otra persona totalmente diferente.

La Rana Gustavo evidentemente finge ser inmune a las tormentas, además tiene ventaja, ya que sus primitivos instintos le alertan del cercano estallido de la tormenta, para sumergirse en su charca, hasta tener a la vista algún rayo de luz.

 

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