Me gusta sentir que el tiempo no existe, que transcurre, sin que nada guardes en tú memoria. Símbolo de simetría con la realidad diáfana y abrupta, que enmarca fragmentos de una vida transparente, sin colores, sin forma, sin luz; en lugares de dudable existencia, recónditos incluso para quienes, con toda su fuerza los provocan.

Parajes oscuros, de profundidades agónica, espacios perturbados y atormentados, por la consciencia de su propia existencia, inmutable, imperturbable, ante la falta de oxígeno; suplido solo y únicamente por lagunas de aire enmohecido, circulando en torno a un tiempo perpetuamente etéreo.

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