Cuando él vivía y nosotros simplemente formábamos parte de sus pertenencias, como objetos u enseres personales. Lo más valioso que en aquella época se pudiera tener, cuatro enseres con vida propia  y además, de tu absoluta propiedad. Así se lo explicaba Ella siempre, primero simplemente con miradas insinuadoras y parlanchinas si dejabas a tus instintos primarios sueltos. Más tarde con hechos reales, experimentando por sí mismo todo lo que Ella le ofertaba y ofrecía. Finalmente a través de sibilinos susurros, pues El, terminó siendo consciente del pecado que cometía cada vez que aceptaba entrar en su mundo, el mundo de Ella.

Nuestra vida no siempre fue completamente oscura y negra como la noche misma. Existió un mínimo periodo de tránsito, que Ella necesitó para poner todo en marcha. En el que los hechos no sucedían de forma diaria, pues una planificación de ésta envergadura necesita un tiempo de maduración, un tiempo de espera necesario hasta que el bebé reacciona ante estímulos externos. El bebé era su hija, la que debía reaccionar ante esos abrumadores estímulos. Sin reacción Ella no obtenía ningún placer.

La figura de nuestro padre fue simplemente una silueta larga y delgada que deambulaba por los pasillos y recovecos de la casa, no existe en mi memoria ni un solo recuerdo, en el que intercambiara unas palabras con él, ni yo, ni tampoco ninguno de mis tres hermanos. Nunca nadie jamás habló con él, tampoco él sintió la necesidad de hablar con nosotros. Era una figura que alguien en su momento decidió instaurar en nuestras vidas, sin ninguna explicación pues ninguno de nosotros la merecíamos. Las decisiones las tomaba Ella.

Si existen recuerdos de lo que era un hombre, que quería vivir como uno más de tantos hombres. Quería trabajar y lo necesitaba como tantos otros hombres de su época, pero algo en él se quebró en algún momento de su existencia. De repente las manos debajo de la mesa se movían con agilidad, también expresaba lo que sentía en las calurosas noches de verano, mientras tomábamos el fresco en la calle. En ocasiones como ésta Ella siempre le decía: No toques a la niña así que parece otra cosa, no le digas a la niña esas cosas en la calle…frases seguidas de miradas casi asesinas. Ella era mucho más inteligente que él, y nunca jamás expresó delante de nadie ni siquiera lo que diría el acto reflejo de un impulso.

Él no nació alcohólico, Ella lo hizo y lo convirtió en lo que fue más tarde. Se sirvió de detonantes familiares, mínimos desprecios interpretados por Ella como grandes ofensas a la persona de su esposo. Todo estalló cuando un buen día él le pidió dinero prestado a uno de sus hermanos, no era mucho dinero, era una cantidad ridícula pero así lo planeó Ella.  Aleccionó a su  marido en una de sus muchas conversación en las profundidades de su alcoba. Si quería comprobar cuánto lo querían sus hermanos, debía pedirle dinero prestado a su hermano menor. La respuesta fue clara y rotunda. Evidentemente no lo querían porque este hermano suyo le dijo que no podía ofrecerle lo que le pedía. Así comenzó Ella su estrategia para apartarlo de los que eran su familia, la escuchabas diciéndole que Ella era la única que se preocupaba de él, que con Ella a su lado, a él nunca le faltaría nada, que si su salud por algo flaqueaba Ella estaba dispuesta a trabajar lo que hiciera falta. Así continuó uno por uno con todos los hermanos de él, hasta que los aniquiló de su vida, hasta que consiguió que él viviera solo para Ella. Y así comenzó él su periplo por las tierras del alcohol, un buen día se dio cuenta que tomarse una copa tras otra, lo hacía olvidar, se fue percatando con el transcurrir del tiempo que  lo que hacía con sus hijas estaba mal, aunque no pudiera pararlo, aunque lo deseara incluso, fue su conciencia quién lo fue matando lentamente igual que una carcoma se va comiendo lentamente el interior de un robusto mueble, de madera pura.  Beber era lo único que le nublaba la vista, la única forma de que Ella no pudiera entrar en él, de que no pudiera darle ordenes de lo que debía y tenía que hacer con sus hijas, el alcohol liberaba su consciencia de la barbarie de sus actos ya cometidos, el alcohol lo protegía frente a los actos que Ella constantemente le reclamaba con exigencia, beber fue la salvación de su mente y la expiación de su cuerpo.

Cuando Ella se percató de sus intenciones, como venganza a su persona, fue Ella misma la que se encargaba de suministrarle sus correspondientes dosis de odio, en forma de botellas de vino. Ella misma se las llevaba.

Es curioso que Ella nunca ha tomado una bebida con alcohol, nunca. Sabía que podría perder el control si lo hacía, pues veía con nítida claridad lo que sucedía en los demás, quizás por ese motivo Ella nunca fue amiga del alcohol, aunque Ella no es amiga de nadie. A lo más que se ha acercado Ella ha sido a una pequeña copa de vino dulce en los fríos invierno. Sólo un pequeño sorbo, como sí esa ridícula copita pudiera arrebatarle algo muy valioso para Ella.

Años después fue  vanagloriándose y diciendo que era una mujer maltratada, que se vio obligada a sacar adelante a su familia, que toda la carga recayó sobre Ella. Pobre mujer, cuánto ha sufrido por amor.

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