La percepción de la muerte como un sentimiento latente y vivo en todas sus dimensiones posibles, está siempre merodeando y rondando a tu alrededor. Como si más bien se tratara de un individuo y no de una acumulación de percepciones.  Es alguien real, que en muchas ocasiones camina junto a ti, te acompaña vayas donde vayas. No importa que existan espacios de tiempo en los que no está presente,  es que ha buscado un atajo y con total seguridad te estará esperando cuando tú llegues a ese lugar, que él ya sabe  cuál es. Él puede leer tu mente, es alguien con poderes sobrenaturales.  A veces te acecha y se hace presente, especialmente esos días que por algún extraño motivo, desea que tú lo veas a él, mejor incluso de cómo te ve él a ti. Y es entonces cuando puedes ver unos ojos tan grandes, que paren que se están preparando para realizar algún salto mortal.

Tu propio cuerpo se paraliza cuando se empieza a dibujar una risa cruel y despiadada en lo que queda de su rostro. Solo son formas, no existe ningún sonido, ningún ruido, solo una figura humana que de repente comienza a desplazarse. Es justo en eso momento en que se inicia el movimiento, cuando sí se escuchan las carcajadas grotescas y deformes, mientras su rostro está cada vez más cerca de ti. Ahora esa secuencia se ha transformado en una imagen, que desaparece y se borra solo en el interior de tu mente. Sientes como unas enormes garras se aferran a todo tú cuerpo, que va crujiendo a medida que lo van envolviendo.  Son unas garras fuertes y leñosas, que salen de las profundidades de la tierra con la única intención de atraparte y arrastrarte con ellas… a un lugar del que nunca podrás escapar. Un lugar frío y oscuro, impregnado de un insoportable hedor a putrefacción y humedad.

Allí vive él, y ahora será donde también viva tu cuerpo.

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