¿Cómo puede llegar a sentirse éste tipo de madre ahora que su auténtica verdad comienza a ver la luz? Porque esto solo es el principio de una larga historia. Una mujer que sintió la necesidad de ser madre, únicamente para reafirmarse en sus mentiras y hacerse creíble ante el resto del mundo, previsto como su gran desarrollo personal. Tan miserable que no ha sido nunca capaz de satisfacer sus impulsos sexuales por sí misma. Tan depravada que solo podía experimentar sus pulsiones sexuales a través de salvajes instintos primarios, a través de su hija primogénita. Como si pretendiera perpetuar una especie única en su género. Manipulando y haciendo uso del resto de su prole, principalmente, como meros observadores, doblegando siempre al más débil, a la más inferior, a la más menor de todos ellos, a la única que no podía negarse ante algo que siempre formó parte de su existencia. La experiencia le enseñó a mi madre que un niño es capaz de negarse a participar e interactuar en ese mundo de perversión que era el de Ella. Pero un bebé recién nacido expuesto desde un primer momento a ese ambiente, nunca lo rechazaría. Ésa era la función de su hija menor, para eso decidió tenerla, cuando se percató de las muchas posibilidades que podría ofrecerle, como madre pedófila que ya era, nunca se conformaba con lo que tenía y siempre quería más.

Lo pensó todo muy bien y se aseguró de regar con una buena dosis de amedrantamiento el crecimiento individual de cada uno de sus hijos.

Ha sido una gran madre. Entres sus mayores virtudes como progenitora, hay que destacar el poder de inocular en el organismo de su hija mayor el silencio. La capacidad de acallar con una simple mirada de soslayo cualquier gesto que pudiera indicar una leve queja. El poder de introducir en tu interior frases del calibre: “tú no tienes derecho a nada” como mini dosis de su propio veneno…

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