Una rama se agita suavemente, acaba de ser liberada de unas afiladas y dentadas garras, que tan solo esperaban el momento propicio; la caída de la noche, para alzar silenciosa y sigilosamente el vuelo, sus instintos se despliegan  a una altura considerable, con gran majestuosidad,  dirige su penetrante mirada entre la oscuridad, un agudo sentido auditivo le proporciona coordenadas perfectas, a sus grandes ojos, tan negros como la misma noche, simulando dos puntos que se expanden y agrandan, en perfecta unión  al avance imparable del anochecer. Su discreto batir de alas, lo convierte en un ser silencioso y extraordinario, que le permite calcular distancias sin margen de error, su fascinante estructura aerodinámica, impide que su presa modifique sus hábitos, ésta noche será su alimento…

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