En cualquier estamento social puedes darte de bruces con mujeres adictas al sadismo. Estas larvadas mujeres, necesitan de un marido masoquista, que solo pueda encontrar un lugar en el que refugiarse del insoportable dolor y sufrimiento que Ella le inflige: El alcohol.  Es el alcoholismo quien hace posible la convivencia pacífica entre sadismo y masoquismo.

Para que Ella obtenga placer y refocilamiento, necesita del padecimiento de otros, necesita ser:

LA dominadora, LA maltratadora que inducirá al otro a pensar que él es Ella, LA única que controlará cada una de las situaciones humillantes,  LA que castigará y exigirá que otros apliquen y lleven a cabo sus decisiones. Sus imponentes, retorcidos y maquiavélicos castigos; rozando éstos casi la pena de una muerte prematura.

Éste tipo de mujeres y sobre todo las madres sadicas, se recomponen con el padecimiento  de su propia prole, descargan su culpa sobre los demás, sobre su esposo, sobre sus hijos, incluso los no nacidos. La misión de éste tipo de madres, consiste en encontrar a los hijos adecuados, aquellos que sean capaces de soportar el dolor.

La miseria más repulsiva. Ésa es la única escala que puede usar Ella, para medir y cuantificar su valor como madre.

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