Dentro de mí, en algún lugar de las profundidades de mi mente, existe una gran estantería de metal duro, fabricada sin aplicarle ningún tipo de tratamiento,  en estado puro.

Sólo el oxido refleja el paso del tiempo, confiriéndole un aspecto frío, pero al mismo tiempo resistente a los embates de la vida, su propio peso le ofrece la estabilidad adecuada y necesaria a su perfecta estructura, además posee una serie de mecanismos entre sus baldas, que se activan a través de emociones, sensaciones corporales, e intuiciones del mundo externo.

Cada una de sus baldas, alberga una pequeña cajita, y en éste caso, el material con el que está construida es una especie de papel traslúcido muy sensible a las propias emociones del metal que la soporta. La cajita aparece de forma espontanea cada vez que una persona llega a mi vida y de alguna forma se instala en ella, en cuanto esa nuevo ser lleva un tiempo formando parte de mi vida, la caja toma forma dentro de la estantería. Cada primera caja, la original siempre es de color blanco, casi transparente.  La caja al igual que la estantería tiene vida propia, las dos juntas forman una especie de pequeño cosmos.

A veces el papel del que están construidas, sufre transformaciones, le empiezan a aparecer trazos rectos, primero en forma vertical, y luego otro en la parte alta de éste mismo trazo, tomando forma horizontal, trazos en una única dirección, secos, impactantes al terminar, como si quisieran rozar el infinito.

Si alguna de las cajas que vive en la estantería empieza a sufrir cambios, y le aparece esta marca, la propia estantería se activa, colocando a la caja en cuarentena, para ser observada, si la marca se va tornando cada vez más oscura e intensa, el mecanismo termina completándose y la caja es desplazada a las profundidades de su abismo, a la nada, allí terminan todas las personas identificadas como amenazas reales, para la supervivencia de la estantería.

Cuando ocurre esto la estantería se recompone y se reestructura de nuevo, cierra los huecos dejados. Es un proceso largo y tedioso que solo puede conseguir si se para a contemplar donde se han colocado ahora las cajas que mas brillan. Unas de las cajas que más equilibro han aportado en los últimos años a la poderosa estantería, es en la que vive, el propio creador de ésta página web, de aspecto silencioso y pensamientos meditados, pues sabe que la luz que irradia es por compartir su espacio con su diosa, quien le ha regalado lo que más deseaba, dos vidas nuevas.

Existen muchas más cajas como estas dentro de mí estantería, cada una representa una cosa diferente, ésta es el reflejo real de que puede existir una familia, de que existen padres que quieren a sus hijas.

No son como los monstruos que yo he conocido siempre.  Por culpa de ellos yo tengo la imperiosa necesidad, de analizar y catalogar minuciosamente, a cada persona que llega a mi vida de una forma u otra, es como llevar un registro de las personas que te rodean, que te permita evitar estar cerca de alguien que solo pueda causar daño y dolor, porque si la situación no permite alejarte de ese ser maligno, tienes que poder sentir que está dentro de tu control, sin que lo sepa.

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