Aquello que conservo  de mi infancia, se reduce a unas cuantas pinceladas. Son escasos los recuerdos que por algún extraño motivo, guardó mi memoria en su momento, pues la gran mayoría de mi experiencia vital fue aniquilada. Mi vida, pronto se quedó suspendida en pequeñas gotas de agua, tan cercanas al inframundo, que fueron capaces de transformarse en una espesa niebla, con poder para expandirse mucho más allá de la pubertad. Una amnesia traumática, se instalo en el centro de cada gota de agua, y así fue como fueron ocupando todos los espacios, con recortes de recuerdos, sin aparente sentido, convirtiendo una vida sana, en caótica y carente de emociones. Tan extenso fue el vació que tuvo que rellenar ésta amnesia, que ni siquiera su alianza con la niebla,  pudo tapar todo lo que no debía verse, escapando a su destrucción algunos huecos con restos de agua, como recuerdos vivos. Pequeños charcos, a los que aún hoy  puedes acercarte, y ver los restos del pasado.

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