No puedo despertarme, la cabeza pesa demasiado y el cuerpo parece no existir, no puedo sentirlo, sólo el cuello parece tener algo de vida, incluso algo de fuerza para balancear suavemente la cabera de izquierda a derecha o de derecha a izquierda eso no importa, lo que si importa es que, hasta ese momento, esos movimientos siempre me habían permitido despertar, le  indicaban a mi mente que podría llegar a moverme. Pero esa noche mí mente no estaba allí, mi cuerpo sólo era un difunto. Ellos rezan por su alma, mientras ella se acerca para incorporar el cadáver, sujetándolo por la espalda con ambas manos, mientras la cabeza se desplomaba hacia atrás. El pelo largo, de color dorado parecía querer rozar el borde del acero como si quisiera agarrarse fuerte a él, al banco sobre el que yace el resto del cuerpo inerte. Ella sabe que la vida volverá y esperará lo que sea necesario.

Desde ése vacío que recrea la muerte para sí misma, se puede percibir los sonidos de sus voces, susurrando al unísono, voces monocordes, como si recitaran una plegaria.

Bucles de súplicas que inundan el silencio de la muerte…

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