Ahora yo soy quien elige, yo decido qué me pongo y cuando me lo quito.

Tú ya no decides cuando y como debo ponerme ese vestido de novia que tanto te gustaba que llevará puesto para ti. Blanco radiante e inmaculado manchado sólo con tus enfermizos pecados. Recuerdas que lo guardabas en el pajar en una caja de cartón, allí lo tenías muy bien doblado en el fondo de la caja, y sobre ella otras prendas para que nadie se percatara. También estaban los zapatos de tacón que igualmente me hacías ponerme. Y por último el velo de tul. Cómo te gustaba ponérmelo mientras llorara sin emitir ni un solo quejido. Era el final del ritual, y el principio de otra violación, porque todas eran emocionantemente nuevas para ti. Recuerdas cuánto te gustaban. Recuerdas mis ojos, recuerdas el temblor que me invadía, recuerdas que me abofeteabas la cara para que dejara de temblar, para quitarme el frío del pánico.  ¿Lo recuerdas mamá? Porque yo sí lo recuerdo.

Si me lo permites, te voy a ir refrescando la memoria, ya que me consta que no te acuerdas muy bien.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *