Con el transcurrir de los años, la familia con la que Ella había soñado, estaba ya conformada y era totalmente real.

Un marido perfecto y cuatro retoños fruto de un voraz y desenfrenado sadismo, allí estábamos todos siempre frente a Ella, como si fuese una diosa a la que se le debía rendir culto. Su mundo empezaba a tomar forma, su retorcida y enfermiza mente estaba presente en el interior de cada uno de sus súbditos, en forma de pensamientos intrusos, que no eran más que sus propias palabras repetidas una y otra vez hasta la saciedad, hasta que se acomodaban a vivir en tu interior más recóndito y profundo, desde donde ya solo podrías reconocer su eco. En eso nos convirtió a todos, en profundos seres cavernarios, donde la única que tenía derecho a ocupar su espacio en el mundo exterior era Ella.  Nuestras mentes se convirtieron en cavernas profundas y angostas sin conexión posible entre ellas, estructuras similares a distintos niveles. Eso fuimos para Ella.

En cambio para nosotros, Ella era una madre poderosa y destructiva que se enfrentaba día a día ante algo que Ella desconocía, el amor y la protección que sus cuatro hijos se tenían entre sí, al margen de Ella. Pues sí hemos sobrevivido y hoy esta historia puede salir a la luz, es porque siendo unos simples e insignificantes niños, todos supimos hacer uso del instinto de supervivencia.  Aprendimos a querernos, a comunicarnos con la mirada cuando no se nos permitía hablar, a mantener silencio cuando nos querían sonsacar, aprendimos que unidos podríamos hacer frente a los embates de la vida, de nuestra particular vida familiar repleta de abusos sexuales, maltrato físico y emocional.

A medida que íbamos creciendo como simples mortales, Ella solía mantener con nosotros sus típicas charlas intrascendentes pero no por ello cargadas de cinismo. La recuerdo perfectamente contándonos que Ella no podría soportar que nosotros, es decir sus cuatro hijos, llegaran a pelearse en un futuro, igual que le estaba ocurriendo en aquel momento a su esposo, a nuestro padre, al que todos veíamos como sufría por los constantes desprecios que todos sus hermanos le hacían.  Es curioso que mirando desde la distancia, todos sus hermanos mostraran hacia un mismo hermano tanto desprecio.

Pues esta gran preocupación que Ella sentía por nuestro bienestar, porque nosotros pudiéramos llegar a imitar en algún momento futuro una escena similar, a la que vivió su adorado marido durante tantos años; nosotros, ya éramos relativamente mayores, siempre fuimos demasiado mayores, especialmente cuando nos trasladaba su angustiosas preocupaciones, preocupaciones que siempre unía con frases de éste calibre: Que Ella quería a sus hijos por igual, no como nuestros abuelos paternos que no querían a su marido tampoco.

Quizás Ella se haya olvidado ya, porque no le interesa de otra de sus muchas palabrerías, aquella que decía: Mientras yo viva vosotros nunca estaréis peleados, porque una madre es la que mantiene unida a su familia.

Y ahora yo me planteo: Mentía antes más de lo que miente ahora, o miente más, quizás ahora que antes.

Porque actualmente tanto mi hermana menor, como yo, no tenemos ningún tipo de contacto con los que fueron nuestros hermanos, relación liquidada concretamente a 25 de diciembre de 2014, desde ése día no existe comunicación y por nuestra parte no volverá a existir jamás.  Es decir que según sus predicciones estamos peleados. Y no es que Ella lo haya evitado sino todo lo contrario, lo ha propiciado. ¿Dónde se queda entonces lo que iba predicando a boca llena? Mientras Ella estuviese viva nosotros siempre estaríamos unidos.

Es más que evidente lo que una madre como la mía es capaz de hacer por amor a sus hijos, si es necesario descuartizarlos no dudará ni un solo segundo en hacerlo. Ha conseguido romper a añicos lo que la inocencia de cuatro niños unió. Debe de sentirse muy orgullosa, porque cualquier madre no es capaz de hacerlo.

También me planteo ahora, porque he visto llorar a mi padre en más de una ocasión, y nunca jamás la he visto a Ella, quizás llorar sí que la he visto, pero no con sentimientos, solo la he visto llorar cuando un acontecimiento social así lo requería. Nunca la he visto llorar de verdad. Nunca.

Nos ha contado tantas mentiras que cuesta saber quiénes somos realmente.

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