Un sueño inducido por un extraño pesar, te sumerge profundamente en un vacío existencial, donde la noche, la reina de la oscuridad, es capaz de ser eclipsada por una densa y pesada mancha, más oscura que ella misma; tanto, que va desplazándose,  lentamente se arrastra y se expande con tanta energía, que no te permite abrir los ojos, como si a su paso deseara aletargar todos los pensamientos, adormeciéndolos; es tan tupida, que no permite que existan imágenes, ni sonidos de voces ocultas. Es la fuerza del propio vacío, capaz de fundir el día en la noche, arrasando con la vida que pueda crear la luz, su más acérrima  enemiga.

El día se transforma en noche cerrada y la noche continúa siendo noche oscura…

En este reducido espacio en el que la mente, ha dejado dormir a su propio cuerpo. Un tiempo en el que no han existido los sueños, porque ahora los sueños existen sólo de día, al despertar, se hacen reales, y lo que pertenecía a la oscura noche, se transforma, para vivir y desarrollarse a plena luz del día, provocando de ésta forma, la caída repentina de una noche artificial, sólo de esta forma el sueño, que había permanecido silenciado y oculto, en la noche real, puede mirarte a los ojos…

Una mirada, que te trasladan a un camino de tierra, rodeado de campos de trigo verde, ya crecido, muy alto. La presencia de la luna guía tus pasos, por un camino serpenteante en el que sólo pueden vivir piedras, de infinitos tamaños, junto a la arena que ellas mismas desprenden, al pasar sobre ellas, unos pies desnudos dueños de una caminante errante, son los únicos que cada noche como por arte de magia aparecen en cualquier parte del camino.

En el sueño, no existe el dolor que provoca el frío invernal al caminar descalza, no puedes sentir nada, tampoco el miedo creado por la incertidumbre, te deja saber en qué lugar te encuentras, sólo que estás perdida dentro del propio camino, el cuál ni siquiera te da permiso para mirar hacia atrás. Cada noche comienza un nuevo deambular, con la sensación de que la luna pueda esconderse en cualquier momento, y pierdas completamente la única luz que existe en ese sueño, sería espantoso seguir avanzando sin saber donde pisar. Porque sabes que nunca llegarás al final. Nunca podrás detenerte, alguien camina con pasos más rápidos detrás de ti.

Sólo si consigues salir del camino y volver a la realidad, puedes sentir el dolor en las plantas de los pies, ahora la piel esta roja y todos los dolores son reales, los puedes sentir.

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