Lo peor que cualquier ser humano puede hacer contra sí mismo es querer saber. Desear comprender el origen de su existencia, de su realidad propia, y por tanto de su modo de vida con respecto a los demás individuos.  -¿Por qué nos comportamos de una determinada forma, cuando existe un mundo infinito de opciones?; – Qué provoca que elijamos un pensamiento concreto, cuando podríamos elegir entre una amplia gama, incluso en contraposición al que ya hemos seleccionado como el nuestro, el que nos ofrece y garantiza identidad?

-¿De dónde provienen ese conjunto de señales internas, que marca esa reacción de identidad personal?; –¿Somos realmente como creemos ser, o somos lo que otros han programado a lo largo del tiempo para que lleguemos a ser?

-¿Somos como nos mostramos a los demás, o simplemente mostramos lo que se espera de nosotros,  con respecto al momento social en el que vivimos? – ¿Cómo sabemos lo que se espera de nosotros en cada momento? –Se supone que es todo aquello, que el conjunto de la sociedad a nivel universal ya ha aceptado como bueno,  correcto o menos bueno. Partimos entonces de la base de la existencia de un “mínimo conocimiento” y por tanto  podría decirse, e incluso afirmarse,  que la ignorancia suprema no está instalada en esos escuetos rangos de planteamientos.  Por tanto es demostrable que somos capaces de establecer ideas o conceptos sobre las cosas y los actos que nos afectan, o dicho de otro modo: somos capaces de llegar a obtener  conocimiento por sí mismos.

-Y ahora yo me hago el siguiente planteamiento. -Son solo pensamientos internos, no te preocupes por la carga emocional que puedan llegar a encerrar. -Qué nivel de conocimiento propio, han podido llegar a adquirir aquellas personas que se encuentran más cerca de ti, como puedan ser: yernos, nueras, consuegros, familiares de estos, vecinos cercanos que te han conocido tanto a ti como a mí, amistades mías y tuyas, incluso tus propios hijos. –Han sido capaces esas personas de hacerse las preguntas adecuadas para obtener por sí mismos una respuesta. Pues si han llegado a hacerlo, deben de saber tanto ellos como tú, que en lo que verdaderamente confía cualquier ser humano, es en aquello que ha deducido por sí mismo. Es el propio conocimiento  adquirido a través de la propia experiencia, y no de lo que nos dice  el gran mosaico de las instituciones, o incluso las poderosas vidrieras que forman las religiones, o una omnipotente madre sádica y pedófila como lo eres tú. -No, confiamos en lo que sabemos que es verdad, porque lo hemos deducido a través del gran esfuerzo de la propia experiencia, donde se ve claramente el efecto que produce una causa.

-Quizás ese reducto de personas que inevitablemente viven cerca de ti, digan y hablen de cara a la galería de un modo muy concreto. –Pero habría que preguntarle en la más absoluta y estricta intimidad, si se lo creen. Se creen lo que dicen.

Me consta que están todos vivos, así que inevitablemente tienen que pensar…

Par finalizar, solo quiero decir que vivir de forma consciente en la mentira, te mata lentamente, te carcome la vida por dentro hasta que te devora por completo. -Lo dice alguien que lo ha experimentado y vive con la carcoma.

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